Las carreteras del Estado de México volvieron a ser escenario de un suceso con tintes verdaderamente escalofriantes. Mientras dábamos seguimiento a la nota roja de este martes, nos llegó el reporte de una fuerte explosión en el municipio de Tecámac. Al principio, la confusión reinaba, pero conforme las fuentes de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) me fueron compartiendo los detalles, el panorama se volvió mucho más oscuro.
Todo ocurrió en un vehículo que, según las primeras indagatorias, trazaba una ruta directa desde las inmediaciones del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) con destino al barrio de Tepito, en la capital del país. Cuando los cuerpos de emergencia llegaron al lugar, la escena era dantesca: el automóvil mostraba huellas de un estallido brutal que vino desde adentro. La fuerza fue tal, que las puertas terminaron prácticamente desprendidas de la carrocería.
En los asientos delanteros, piloto y copiloto, se encontraban los cuerpos sin vida de dos personas.
“Las fuentes al interior de la Fiscalía mexiquense me confirmaron un dato clave: ambas víctimas eran originarias del estado de Sinaloa. Además, los peritos han sido categóricos al descartar que se tratara de un ‘coche bomba’ plantado para un atentado; los indicios muestran que ellos mismos transportaban el artefacto explosivo dentro de la cabina.”
Todo apunta a que este letal cargamento detonó de manera accidental antes de llegar a su destino. Las preguntas que quedan en el aire son inevitables y urgentes: ¿Qué tipo de explosivo llevaban con tanto sigilo hacia el “Barrio Bravo” y para quién era? Las investigaciones continúan y desde esta tribuna seguiremos exigiendo respuestas, porque este nivel de armamento circulando por nuestras calles es una bomba de tiempo para todos.



